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La deconstrucción de la Universidad

Dr. Dennis París

La palabra deconstrucción está definida en el Diccionario de la Lengua Española como el “desmontaje de un concepto o de una construcción intelectual por medio de su análisis, mostrando así contradicciones y ambigüedades”. De ahí la utilidad del término para orientar el tipo de análisis que es necesario hacer de la institución que todos conocemos
cómo la universidad. La razón primordial para plantearse el deconstruir el concepto que tenemos de la universidad, es el hecho de que la gran mayoría de las personas desconoce el trasfondo y las realidades actuales de esta.

Hay un gran desconocimiento sobre una institución que viene de la edad media y que aparece en Europa para los siglos 11 y 12, aunque ya existía en algunas sociedades islámicas para el siglo 10. El desconocimiento en torno a la evolución histórica de las universidades, así como lo que ignoramos sobre su estado actual nos ha llevado a concebir la universidad de manera poco realista.

El propósito de este breve escrito es destacar y calibrar algunas de las nociones que debemos entender sobre la universidad, para poder sobrevivir como cristianos universitarios. Comenzaremos señalando dos medias verdades que debemos identificar sobre la universidad:

  • La función de la universidad es difundir el conocimiento. Sobre este particular es vital que entendamos que, en la práctica, la función de la universidad no es sólo la difusión del conocimiento; lo cierto es que la universidad también tiene una función muy eficaz propagando las ideologías de moda. Esto apunta hacia el impacto adoctrinador de la universidad.

Debemos entender los términos adoctrinar e ideología, para captar mejor el problema al que nos enfrentamos.

Según el Diccionario de la Lengua Española: adoctrinar se define como: “instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o creencias.”

Por otra parte, ideología es un “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.” Cuando hablamos de ideología estamos refiriéndonos a las ideas que se convierten en un programa o plataforma de cambio.

La universidad es el lugar donde con más eficacia veremos la propagación de las ideologías de moda en nuestros tiempos. Piensen en esta como un lugar perfecto para adoctrinar; tomando en consideración que allí han ido a buscar conocimiento y preparación ocupacional, los jóvenes con más potencial en nuestra sociedad. Todos los médicos, maestros, abogados, profesores, gobernantes, jefes de agencias y de otras instituciones sociales, de seguro que pasarán por la universidad. ¿Qué mejor manera de moldear la sociedad que adoctrinar a los universitarios con la ideología que deseamos propagar? Es por eso que ideologías como el marxismo, el feminismo y la agenda homosexual, entre otras, han usado este método para ocupar una posición de poder en la sociedad. Han entendido que es muy cierto lo que planteaba Marx: la ideología es un instrumento de reproducción social.

Esto nos lleva a otra media verdad importante creída, ingenuamente, por muchos:

  • La universidad es neutral en cuanto a lo moral se refiere.

La universidad secular nos hipnotizará repitiendo de diversas maneras este cliché trillado. A fuerza de repetición nos parecerá cierto. Pero la realidad es que la educación superior esté estructurada y concebida para moldear los valores y las visiones de mundo de todos los que pasan por sus aulas. La libertad de cátedra de los profesores, la manera autoritativa en que se presentan las teorías e ideologías, junto a la credulidad de muchas personas jóvenes, que se impresionan fácilmente con todo este andamiaje, hará que los valores de muchos sean manipulados. Estas serán las personas más susceptibles a ser transformados por las ideologías que encontramos en la academia. Luego tenemos el asunto de la arrogancia humana, que hace que gustemos más de estar en el bando de “los intelectuales” que en el de los “ignorantes”. Creánme, el sistema funciona, y es algo así como el cuento de Hans Christian Andersen: El traje nuevo del Emperador.

Ahora bien, de las ideologías de turno que encontraremos en la universidad, hay dos que son las más peligrosas para el que sigue a Cristo. Estas son el pluralismo y el postmodernismo.

El Pluralismo es la ideología del mundo occidental que postula un solo valor absoluto: la libertad. Dicho de otra forma, el pluralismo aboga por que el individuo tenga las menos restricciones posibles, así como las más amplias opciones posibles dentro del orden social. Esta ideología busca garantizar los derechos personales y las libertades. El gobierno debe ser neutral cuando se trata de la verdad y los valores. El individualismo se convierte en la meta principal de todo y de él surgen, inevitablemente, el orgullo y el egocentrismo tan común en círculos universitarios. Es por esto que “vivir y dejar hacer” es tan importante en la universidad. Cualquier planteamiento contrario al pluralismo se rechaza agresivamente. Piensen en todo esto como una religión secular; con unos valores radicalmente opuestos a los de la fe cristiana y los promotores de esta lo saben. Es por eso que debemos concluir que la universidad, en mayor o menor grado, es un ambiente hostil al cristianismo. El mensaje del Evangelio resulta amenazante al pluralismo, de ahí que sus adeptos nos despachen con las etiquetas ofensivas de ignorantes, fundamentalistas, fanáticos, moralistas y, sobre todo, homofóbicos. Estos epítetos serán usados para neutralizar a los cristianos. La idea es que si no puedes refutar el mensaje, desprestigia al mensajero, utilizando los argumentos “ad hominem” que llaman. Los usarán contra todo cristiano que abiertamente y vocalmente se identifique con las verdades de la fe cristiana y su visión de mundo. Debemos recordar que la libertad es para casi todos, y para muchos universitarios los cristianos no están incluidos en esa categoría.

El postmodernismo es una ideología que ha impactado, en mayor o menor grado, a muchos sectores de la universidad. Aunque es un asunto altamente complejo el describir a profundidad el pensamiento postmoderno, la característica principal de este es su rechazo a la objetividad y a la racionalidad. Se plantea que las teorías no están basadas en hechos, sino que más bien se construyen para justificar y dar poder a los que las sostienen. El postmodernismo está construido sobre el relativismo y el pluralismo de la verdad. Para nuestra discusión, el punto medular es identificar que la perspectiva postmoderna es una que niega la verdad objetiva. El postmodernismo también niega que podemos comunicarnos sobre la verdad. Para apreciar el problema más concretamente, en el postmodernismo “a” puede ser igual a “no a”. Para los cristianos que creemos en verdades objetivas y absolutas todo esto tiene consecuencias muy graves.

Es probable que algunas de estas ideas sean familiares a muchos, por haberlas percibido en los medios de comunicación, en la escuela o en algún otro contexto. Es más, hay iglesias planteando enfoques postmodernos para acomodar la fe cristiana a los tiempos. Pero durante nuestro paso por la universidad nos enfrentaremos al contexto más postmoderno o “postmodernizante” de la sociedad. Encontraremos, con frecuencia, ideas y actitudes como las siguientes:

  • Todas las posiciones son igualmente validas, excepto el cristianismo.
  • Todas las verdades son igualmente validas, excepto el cristianismo.
  • Todas las personas merecen tener libertad y recibir tolerancia, excepto los
    cristianos.

Nuestra supervivencia espiritual depende de que entendamos, de manera realista, lo que nos ha tocado vivir y que tengamos una estrategia trazada de antemano. Después de todo, no es la primera vez que el pueblo de Dios se enfrenta a un ambiente hostil. El tiene un propósito en que así lo hagamos.

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