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El Rol que Juegan los Medios de Comunicación y sus Mensajes

El problema básico que representan algunos medios, es en términos de los mensajes que transmiten. La posibilidad que tiene la industria de comunicaciones de ayudar a la familia es vastísima, todavía no se ha explorado o explotado a capacidad. Reconocemos la habilidad que tiene el medio para captar las emociones humanas y para crear simpatías que mueven a la acción. Hay cosas que se presentan que inspiran, historias que levantan el ánimo y la esperanza. Pero desafortunadamente estas no son las más. Son mayores las representaciones negativas y los mensajes socialmente destructivos que vemos. Y aunque estamos hablando de todos los medios de comunicación ( revistas, películas, video, cable, satélite, radio y televisión ) es la televisión el que más llama la atención, por ser uno de los más persuasivos de nuestra cultura. Llega a millones de personas al mismo tiempo, todos los días y se convierte en el punto focal del hogar.

Los estudios de mercadeo demuestran que el poder de la televisión es alto y claro. Se pasa más tiempo frente al televisor que con los otros medios combinados. Ochenta y un por ciento de los adultos creen que la televisión tiene la mayor influencia en las personas. Los mismos anunciantes afirman que lleva mejor su mensaje que cualquier otro medio porque combina el poder de visión, sonido, color, movimiento y emoción.

Muchísimos estudios han dejado demostrado el poder para influenciar comportamiento que tiene la televisión, para bien o para mal, dependiendo de la dirección del contenido. A veces tenemos que soportar el ridículo argumento de productores que alegan que sus programas no tienen efecto alguno sobre los que los ven. Si no fuera así, la poderosa industria de publicidad no tendría sentido. Si fuera así los anunciantes no invertirían miles y miles de dólares en una pauta de 30 segundos. La Asociación Americana de Agencias de Publicidad dijo en una ocasión: “La televisión trabaja, en términos de dólares devueltos”.

Y cuando hablamos de dólares hablamos y ponemos los puntos sobre las ies. De eso se trata la industria: de ganancias. Más que de “rating” de ganancias. Miren como lo ponía el presidente del Canal 4 los otros días al anunciar la cancelación de programas locales del país. Decía que estaba perdiendo dinero con ellos. Tenían “rating” pero no generaban los ingresos esperados.

Los medios masivos de comunicación, particularmente la televisión están operados y son propiedad de individuos y corporaciones, cuyo principal objetivo es hacer dinero atrayendo y manteniendo una audiencia con el mensaje que sea, para entregársela a unos anunciantes. Escuchaba a una persona hace un tiempo atrás, en un foro en donde se estaba discutiendo este mismo tema, diciendo que la responsabilidad primaria de los ejecutivos es hacia ellos mismos y hacia los accionistas. En segundo lugar se encontraba el interés público. De acuerdo a investigaciones de los medios, estos son dominados por los poderosos, en beneficio de los poderosos. No todas las corporaciones, empresas o negocios se pueden anunciar por la televisión, solo aquellos que tienen el suficiente capital. Muy pocos pueden competir con las multinacionales en la industria televisiva en los Estados Unidos. El problema se empeora, al menos, en el lado de allá, cuando vemos que muchos de los dueños de la industria de entretenimiento, también son dueños de los medios noticiosos, que son los que forjan la opinión pública. Tomemos el caso de la revista Time. Fueron o son dueños de Warner Brothers. Time-Warner es dueña de Warner Brothers Pictures, que son los que hacen la mayoria de las películas clasificadas “R”. Además, unidos al consorcio de HBO y Cinemax. Unidos también a Warner Records, que producen la música de famosos. Uno ve este panorama y tiene que preguntarse: ¿podrá la revista Time hacer un artículo o una serie bien objetiva acerca del dano que le están haciendo las películas, las letras musicales violentas y pornográficas, a los jóvenes? Lo dudamos. En el pasado los hombres anclas eran vistos como protectores del bienestar general del público. Ahora, ¿pondrían en peligros sus bien pagadas posiciones, para denunciar y exponer la irresponsabilidad de la contaminación moral que transmiten algunos de sus canales?

Por otro lado, las representaciones que a veces presenta la televisión de la familia y de otras realidades sociales son creadas a base de no meramente la realidad de lo que le gusta al público, sino también basadas en presiones puramente comerciales. Un ejemplo antiguo de esto se dió en los 70’s cuando los productores americanos predecían que “El Show de Bill Cosby” no tenía posibilidades algunas. Según ellos iba a ser un fiasco, iba a aburrir. Decían que un personaje principal tenía que tener la libertad de envolverse sexualmente, que una comedia sana de situaciones familiares no iba para ningún lado. Para ese tiempo empezaron a aparecer show con la figura del padre soltero como “Bachelor Father”, aún antes de que el fenómeno de padres solteros fuera una realidad cotidiana en la nación. Ante esto vale la pena preguntar, ¿qué vino primero? ¿Refleja la televisión el cambio de la sociedad, o a veces es modelo del cambio por venir?

Las personas o el público realmente no tiene la oportunidad de decidir lo que quieren ver. Las decisiones están tomadas antes de que usted pueda prender el televisor. El público nunca conocerá las historias y los libretos que los ejecutivos de la industria televisiva y de Hollywood rechazan. A veces las mismas televisoras controlan el éxito de un programa. Se puede dar el caso de una producción de calidad, de altos costos, altos salarios, alta popularidad, pero que no deja las suficientes ganancias y de golpe y porrazo cambian el horario y se perdió parte de la audiencia y vino la excusa para la cancelación. Otras veces programas mediocres, por puros amiguismos les dan un tiempo para que puedan pegar, aunque no aparezcan en los primeros 50 de la encuesta de Mediafax.

Vemos con pena y con indignación como se le falta el respeto al público y a la mujer puertorriqueña presentándola como un instrumento sexual en programas al que se le añade a la explotación, el mal gusto hasta llevarlos a las primeras posiciones. Pero como aquí, y en todos los lugares del mundo se da el fenómeno del hastío, una vez la gente se cansa de lo mismo y pierde el interés, entonces hay que cruzar nuevamente la línea de lo que es aceptable exponiendo al público cada vez a escenas más degradantes. De hecho, aquí en Puerto Rico a este asunto de cruzar la línea de lo decente se le dice pintorescamente “se les fue la mano”. No digo yo la mano, se le fue hasta la vergüenza. Otra triste realidad de la televisión local es que tal parece que las encuestas y el mito o realidad del argumento de que “el mercado decida” siempre va en contra de aquella programación que tiene valor moral, social o cultural. La programación sana que es aceptada por el público es sacada del aire y sustituída por lata, chabacanería y sensacionalismo.

Dejando momentáneamente la televisión y hablando de la industria cinematográfica de los Estados Unidos, vemos otro tipo de fenómeno, en donde la línea de fondo no es el dinero, sino la negativa de Hollywood de producir aquello que desea y pide el público. Todavía hay un mercado para películas que resalten los valores familiares, el honor, la religión, el patritismo y el sentido de propósito en la vida. Curiosamente Hollywood nunca ha perdido dinero con películas de la Biblia, solo ha perdido dinero cuando ha hecho películas para mofarse de la religión, como fue el caso de “La Ultima Tentación de Cristo”. Un mejor ejemplo del mercado que tiene la familia es la presentación de largos metrajes de personajes animados de los cuentos de las empresas Disney. Nunca han perdido dinero con esas películas y los ingresos han sido millonarios, llenando salas no solo de niños, sino también de adultos.

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